Una reflexión sobre el aula hoy
Una mezcla de espacio, tiempo y materiales de trabajo es invadida por actores fundamentales en el acto de educar: personas.
Personas que en un determinado momento los podemos encontrar en el papel de alumnas, alumnos y/o de profesores.
Al entrar a un espacio llamado aula, en algunos lugares recientemente cambiado el nombre por sala, al hacerse una observación panorámica, se muestran sillas individuales con un espacio de apoyo, todas alineadas con los respaldos apuntando a una misma dirección y sentido.
Remontándonos en el tiempo a un momento no muy lejano, esas sillas parecen de la modernidad contrastando con largos bancos de madera maciza, marcados por el correr del tiempo y elementos de escritura o trabajo dependiendo el lugar de estudio donde nos encontremos situados.
Podemos encontrar largos bancos de madera de roble macizo en sectores alejados de las entradas principales, más modernos, pero no tanto para los sectores destinados a las carreras de grado y de un sistema mobiliario moderno con elementos tecnológicos de apoyo didáctico para sectores de posgrado, inusuales en carreras de grado.
Haciendo una comparación entre los párrafos precedentes, se podría suponer un avance tecnológico -ergonomía- basado en la altura del sector de apoyo para realizar la escritura, pero al convivir ambos en un mismo tiempo, más que un avance en el bienestar de quien toma asiento, pareciera un adecuarse a costos o modas.
La característica común, sea cual fuere el diseño, es que todos están alineados en una misma dirección y sentido: el frente.
Un frente estigmatizado por tres elementos que de a poco van perdiendo su lugar y su pertenencia: la tarima, el escritorio con “su” silla, el pizarrón con los elementos de uso de dibujo y/o escritura en el mismo.
Poco a poco la tarima, ese espacio elevado donde se subía quien impartía conocimientos para ser repetido por los oyentes, llamados alumnos, no estudiantes, muchas veces olvidados en su condición de personas, dejaba de pertenecer al espacio poniendo a quien hablara o explicara a la altura de las miradas de los presentes.
Esta situación ¿será por una cuestión de reducir situaciones de autoridad? ¿será una solución para producir una mejora en la postura corporal del receptor, alumno, estudiante que es persona? ¿será por cuestión de costos, moda o ergonomía? ¿será por la aplicación de normativas para mejora del sistema educativo?
El segundo elemento, escritorio del frente con su silla, ha pasado de ser un elemento diferenciador del resto para ser uno como el resto y, hasta en algunos lugares, desaparecer como elemento. Y volvemos a cuestionar los motivos de tal sucesión de hechos (reducir su impronta, igualar materiales, favorecer con un mayor espacio a los asistentes). ¿Costos, moda, ergonomía u otras razones relacionadas a la relación enseñanza aprendizaje?
Hago un especial llamado de atención en este caso a que comienzo a transitar los aspectos relacionados a la didáctica y a la pedagogía al mencionar la relación enseñanza aprendizaje.
El pasar el tiempo pareciera hacernos reflexionar en esta relación de actores dentro del espacio común llamado “aula o sala”.
Comienza a posteriori la mutación del tercer elemento: “el pizarrón”. Ha de pasar la pizarra negra con tizas blancas a la misma pizarra con la posibilidad de tizas de colores. Se agregan herramientas de dibujo mientras tanto cambia del negro al blanco, y de la tiza a marcadores difíciles de limpiar para luego entrar en la era del indeleble.
Otros elementos se han sumado a todos los espacios, pero sólo dependiendo de la posibilidad de recursos y zonas geográficas como son los proyectores de filminas hasta los retro proyectores y cañones. Entre medio la tecnología hace otros saltos hasta la era de internet y la infinidad de opciones en materia de redes sociales.
Una infinidad de cambios podemos sumar en materia de didáctica y pedagogía como también de recursos para mejorar la relación de enseñanza aprendizaje.
¿Cuántos años han pasado desde el primer párrafo hasta el anterior?
Muchos, pero todos tienen de común que los alumnos, asistentes, estudiantes nunca dejaron de ser personas y siempre -hasta el día de hoy- siguen en la postura de ver las cabezas -por no decir nucas- de sus compañeros de delante mientras escuchan hablar a una persona en el frente en la mayoría de los casos dando clases expositivas o también llamadas magistrales.
¿No ha llegado esta situación a las autoridades educativas que tienen por visión y misión formar para el futuro para mejorar el presente? ¿No es la persona y su disposición frente al aprendizaje un elemento a tener en cuenta en el siglo XXI mientras todavía observamos metodologías del siglo XIX?
Diseños curriculares, currículos, planes, programas, contenidos pueden decir que han tenido en cuenta a los destinatarios a partir de un determinado período de la historia del diseño curricular, pero cuando la disposición o predisposición para el saber pareciera no tenerse en cuenta desde lo corporal a lo largo de la historia hasta hoy, parece todo lo contrario.
Y en este momento es donde dejo de hacer foco en el alumno, que muchas veces no sabe por qué estudia lo que estudia, para hacer foco en un docente, maestro o profesor, que no se sabe si le interesa más su saber que quien lo recibe.
Es necesario también pensar y formular, o reformular, el perfil docente. Basta con analizar los diseños curriculares de los profesorados, todavía con diseños que hacen foco en el siglo XX con poca visión del siglo XXI.
Para nuestro modelo a observar – profesora, profesor, maestra o maestro- no solo es importante si escucha o si es escuchado, es importante y necesita que sea escuchado por otros actores del mundo de la educación.
Es importante entender que tiene una gran cantidad de información para dar, producto de su trabajo con los alumnos y colegas. Información que ha de ayudar a construir no sólo diseños curriculares, sino futuros hombres y mujeres, personas.
Para mejorar sus lecturas, es que debe formarse en competencias, interesarse por las mejoras de las lecturas que hace desde el aula o sala y benefician a las personas de ella y fuera de ella con sus observaciones.
Una solución es la formación continua en competencias, que más que aportar a la construcción de un nuevo diseño curricular, se sentirá parte de tal construcción con vistas a la educación del siglo XXI. Un ejemplo de inclusión.
César Grané
Lic. en Administración U.B.A
Prof. En Informática CONSUDEC.
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