Cuenta la historia que, el que sería el número uno de una organización mundial, preguntaba a quien sería el número dos ¿quién dicen que soy?. Y el número dos daba muchas respuestas, pero no daba la Real.
Estando en una reunión con mucha gente de los suyos, comentó -entre muchas cosas- cómo terminarían sus días para Él.
Quien sería el CEO, de la futura más grande organización a nivel mundial, lo tomó del brazo y lo llamó a un costado.
La situación era como que le prohibía hacer esos comentarios «privados» en público.
Haciendo volar la imaginación uno pensaría que podrían estar hablando personas con títulos de grado, especializaciones, maestrias, doctorados, postdoctorados, con o sin experiencia de campo.
Hoy por hoy nos encontramos con muchas personas con mucha experiencia de trabajo en el día a día por años y otros que mucho título y una experiencia de campo equivalente a que nunca se ha hecho nada de eso titulado en la vida.
¿A quién se le puede ocurrir sacar al jefe delante de todos para decirle que está haciendo o diciendo algo fuera de lugar? «Hay que ser bruto» diría un genial personaje del humorista gráfico y escritor argentino Roberto Fontanarrosa.
Ni a los de marketing, recursos humanos (personal) ni a los de prensa y. muchos otros se les ocurriría hacer semejante acto de poder.
Quizá un pensamiento más duro sería pensar en el número dos como un bruto, descerebrado, animal, mal educado pero se tardaría tiempo en llegar a poder hablar de «vanidad».
Una forma de pensar sencilla sería decir que el tipo se la creyó, se agrandó, de golpe le quedó chico el saco y salió el pecho a tomar aire afuera como lo expresaría algún hombre de tierras a dentro de la Pampa Argentina.
Pero volviendo a la palabra «vanidad» su significado y sinónimos expresa arrogancia, presunción, vanagloria, orgullo, altanería, petulancia. Lo opuesto a humildad, modestia.
Pero no hay que confundir con soberbia. La soberbia es un apetito desordenado de ser preferido a otros. Es sentirse en un estado de satisfacción por la contemplación de lo propio menospreciando a los demás.
Otros entienden a la soberbia como cólera e ira expresadas en acciones o palabras altivas o injuriosas.
En tal caso el número dos entendió que él era el centro de todo mientras su jefe enseñaba todo lo contrario.
Y todo lo anterior, la definición de vanidad y de soberbia es lo que hay que evitar el la vida a toda costa. Ambas son el agua de cualquier fuente llamada «tristeza».
Nos seguimos leyendo.
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