¿Dónde buscar repuestas a preguntas complejas y que estén al alcance de todas las personas?

Hay interrogantes que tienen respuesta.

Otros interrogantes no tienen respuesta.

Otros, es preferible no saber las repuestas, porque cuando uno no sabe, el no saber, tiene sus privilegios y es donde mora o vive la cobardía o las excusas.

Imaginemos por un momento que queremos respuestas a cuestiones personales y que no sabemos donde encontrarlas. Pero las respuestas -en nuestro interior- queremos encontrarlas.

En algunas circunstancias la falta de respuestas incomoda hasta el punto de creer, que en algún momento, han de lastimar. Desde esa idea se lanza a la búsqueda de repuestas.

Ante ésta idea estamos frente a las personas que han dominado el primer paso: la vergüenza, pero no el miedo.

Los Católicos Apostólicos Romanos contamos con una infinidad de documentos que no sabemos de su existencia o no se interesó por saber de su existencia.

EL saber incomoda hasta que se necesita algo de paz.

Hay documentos que nos pueden brindar respuestas prácticas a nuestros sentimientos prácticos.

El ser humano es más una laboratorio de prácticas que una biblioteca de teorías: mucho hacer sin pensar.

Un ejemplo de los documentos que menciono es la » EXHORATACIÓN APOSTÓLICA»  denominada «AMORIS LETITIA». En su portada se puede leer -además de estar dirigido a todos- el texto en castellano que dice «Sobre el amor en la familia»

Juguemos y no conjuguemos con las tres palabras: persona, amor, familia. Práctica y no teoría.

Se habla -y es por desconocimiento o repetir de los que dicen que saben- que la Iglesia Católica Apostólica Romana no contempla a separados, divorciados y un montón de problemáticas más.

De lo poco que sí sé es que «contempla a todas las situaciones mencionadas y muchos más temas».

Este documento que menciono es un conjunto de repuestas al igual que otros documentos son respuesta a otros temas.

En este caso tres palabras: persona, amor, familia.

Desconocer de las cosas tiene sus alegrías, conocer tiene alegrías más grandes y además brinda la sensación de paz que uno siempre busca.

Si te pasa que hay un deseo de un poco más pero te falta seguridad de hacerlo, este no es el momento.

Entonces ¿ cómo seguir?

Vuelve a leer desde el principio estas líneas y luego de adquirir mayor seguridad te recomiendo buscar un tema el documento.

¿Cómo buscar el tema que te interesa?

Primero una lectura rápida de su índice y luego una lectura más pausada. En la segunda lectura encontrarás que hay un tema que sobresale al resto, y quizá en él, estén las respuestas o una orientación a lo que estás buscando.

Dentro de nuestra página está el índice del documento para facilitarte la lectura o la descarga. Desde aquí accedes a él y a la galería de documentos abiertos de nuestro sitio.

¿ Y luego ? Simplemente te digo que habrás comenzado dando el primer paso al mundo de las respuestas.

Seguramente palabras como exhortación, apostólica, eclesial, sínodo y concilio te suenan conocidas pero realmente ¿conoces su significado?

Si a la persona que siempre le preguntas y haces caso, al preguntarle, lo toma sin importancia,, quizá sea la oportunidad que Dios te brinda para comenzar a pensar por vos y no por lo que dicen los demás.

Pruébalo. Es solo cuestión de agallas.

Si sos de las personas que piensan y decides por tí misma, en breve, continuará el hilo de la reflexión.

En tus comentarios, encontrarás mis repuestas. Te leo

Lic. Prof. César Grané

Sugerencias:

¿Encíclica? ¿Exhortación? ¿Sínodo? ¿Palabras raras?


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4 respuestas a «¿Dónde buscar repuestas a preguntas complejas y que estén al alcance de todas las personas?»

  1. Muchas gracias por el comentario.
    Para aclarar:

    Veritatis Splendor
    https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html

    En su introducción podemos leer :
    Jesucristo, luz verdadera que ilumina a todo hombre

    En su conclusión:

    María,
    Madre de misericordia,
    cuida de todos para que no se haga inútil
    la cruz de Cristo,
    para que el hombre
    no pierda el camino del bien,
    no pierda la conciencia del pecado
    y crezca en la esperanza en Dios,
    «rico en misericordia» (Ef 2, 4),
    para que haga libremente las buenas obras
    que él le asignó (cf. Ef 2, 10)
    y, de esta manera, toda su vida
    sea «un himno a su gloria» (Ef 1, 12).

    Dado en Roma, junto a San Pedro, el 6 de agosto —fiesta de la Transfiguración del Señor— del año 1993, décimo quinto de mi Pontificado.

    IOANNES PAULUS PP. II

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  2. Amoris Laetitia no es el mejor ejemplo. Dado que no es un documento que comprometa el carisma de la infalibilidad, hay que decir las cosas como son. AL es una bomba atómica puesta en el centro de la Teología moral católica. Pero no bajo el formato demasiado obvio de la llamada moral de situación, cuyo relativismo moral sería descubierto sin mayores dificultades, sino bajo la de una heterodoxia más sutil pero típica de cierto jesuitismo progre: la casuistica, esta vez laxa en vez de rigorista. Lo han dicho mejor que yo filósofos, teólogos, Obispos y Cardenales de gran calado intelectual. Como los errores del Capítulo VIII no son tan evidentes, la mayoría no se da cuenta y «compra» todo el documento por su ortodoxia aparente, su lenguaje llano y su estilo que da la impresión de conectar mejor con los problemas y desafíos del hombre común. Y hacia allí van todos, en nombre de una falsa obediencia, a defender lo que durante los Pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI eran los primeros en atacar. Por lo visto es más importante la autoridad que la verdad. No importa que AL sea la contracara de Veritatis Splendor. Lo importante es repetir sin pensar lo que en cada momento diga el Papa de turno. Pero ni esa era la obediencia enseñada por San Ignacio ni AL refleja bien la teología moral católica sobre la persona, el amor o la familia. Debemos rezar por la persona e intenciones del Papa, respetar su investidura, defenderlo de injurias y calumnias, acatar su magisterio cuando es infalible o definitivo, y obedecer sus justas decisiones de gobierno. Pero no necesariamente el resto, sobre todo si tenemos certeza moral de que lo enseñado es contrario al Evangelio o lo mandado, algo moralmente ilícito.

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    1. En San Ignacio, en la espiritualidad ignaciana, todo tiene un centro «En todo Amar y Servir para mayor Gloria de Dios»: DIOS.
      Es por ello que la palabra discernir toma su mayor y verdadero significado que es descubrir lo que es o no es de Dios, en el camino a seguirle. Y así, discerniendo, seguirle y amarle.
      CG.

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