Charlando con alumnos buscando respuestas, surgen preguntas.
Reconozco que el ser frontal hace que mis respuestas a las preguntas sean duras, muy a mi estilo transparente, en algunas oportunidades.
También reconozco que cuando hablas con adolescentes, sus respuestas me dejan pensando o diciendo:
¿qué están haciendo los adultos con los adolescentes?
Rescató la charla con chicos que no quieren saber nada con la religión, frente algunos ejemplos de gente que pasaron por enfrente de sus narices.
Otro ejemplo: profesoras y profesores «que los chicos ven como autoritarios, a otros como orgullosos, a otros con falta de convicción, a otros …. y ahí me agarró la cabeza.»
Hay que ESCUCHAR para entender, «cuando el otro quiere hablar».
Comencemos por éste mensaje:
No pedir ser escuchado, sino lo contrario: escuchar.
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