Cuidado:
Si está en tus planes dejar huella en el camino de tu vida que sirva para ayudar a otros, la lectura no te hará sentir que somos pocos. Si no está en tus planes dejar huella, sigue con lo tuyo, éste artículo no está escrito para vos.
Comencemos con la lectura …
La brújula se utiliza para orientación.
Nos puede orientar un norte y podernos indicar o dar a otros una gran variedad de información, una para cada punto cardinal.
Lo mismo ocurre con las personas. Pueden ser capaces de orientar siempre y cuando tengan en claro «el norte», y con él, el resto del los puntos cardinales.
En el caso de las profesiones, y en particular las ligadas a la docencia, ocurre lo mismo, al igual obviamente que a la profesión docente, en tanto y en cuando, se realice con vocación y no como último recurso o manotazo de ahogado como me ha ocurrido ver en algunos casos. Dejo de lado los relacionados con la política ya que muchos de ellos ejercen cargos sin haber tenido experiencia áulica.
¿Cómo se diferencian ambos opuestos, vocación de no vocación? Otro tema.
Las brújulas tienen cuatro puntos cardinales de referencia: norte, este, sur oeste.
Toda persona está siendo llamada a una misión, a una consigna, a un destino, a transitar un camino conocido o desconocido. Toda persona tiene un norte.
Desde el norte, la referencia, surge el profesionalismo, otro punto cardinal.
Desde el norte surge la empatía con el otro, el ponerse en el zapato del otro, el solidarizarse con el otro, surge la caridad, surge la ayuda, todo eso donde el otro puede sentirse ayudado por uno donde se termina confundiendo quién ayuda a quién. Otro punto cardinal y van tres.
Recordando:
El norte: el fin que uno tiene en la vida cuando lo encuentra o se lo dan a conocer;
Otro: el profesionalismo de calidad, el «hacer lo que se debe hacer»;
Otro: el ser un «ser humano» donde el otro -conocido o desconocido- no pasa desapercibido en mi camino.
Y llegamos al último de los puntos cardinales del ser humano: su referente interior.
En los casos que frecuento uno es la Palabra de Dios por medio de la Biblia Judía llamada Tanaj o conocida como Mikrá. Es un conjunto de veinticuatro libros agrupados en la Toráh (un conjunto de cinco libros llamados «Los cinco libros de Moisés», que son el Génesis, Éxodo, Levítico, Deuteronomio, Números), «Ley», los Nevi’im «Profetas» y los Ketuvim «Escritos». para el Judaísmo.
En el caso de los Católicos Apostólicos Romanos la Biblia que está conformada del Antiguo y el Nuevo Testamento.
Todos los mencionados y no mencionados son el norte de cada una de las religiones que pueden o no profesar las personas.
Es la hora de la confusión. ¡¿Acaso éste último no debiera ser el norte?!
Si cambiamos de lugar nuestra brújula siembre va a apuntar al norte, entonces el norte sería «la finalidad o fin de nuestra existencia» que debieran ser nuestro principios y fundamentos interiores.
Acto seguido, el siguiente punto cardinal, debiera ser el camino que se transita en función del primero.
Continuando, el siguiente punto cardinal, sería «el profesionalismo ejercido en su máximo exponente de calidad».
Por último como cuarto y último punto cardinal sería «el otro, el prójimo, el que no soy yo».
Por eso defino como la hora de confusión porque en el caso de los Católicos el primer punto habla y lleva al cuarto, y el cuarto, lleva al primero.
Para pensarlo …
Nota: el escrito surge de una charla con una Lic. en Psicología acompañante de un muy querido alumno mío con Síndrome de Down (uno de mis mejores ayudantes) respondiendo a su pregunta ¿ cómo hacer presente a Dios en la profesión?.
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