La historia de Miyamoto Musashi y Sasaki Kojiro es una de las más famosas en la historia de los samuráis japoneses, centrada en un duelo a muerte que tuvo lugar en la isla de Ganryujima en 1612
Sasaki Kojirō era un samurái ejemplar. Elegante, disciplinado y exacto. Su técnica de corte —llamada Tsubame Gaeshi— era tan rápida como letal. Sus seguidores lo admiraban por su rigidez moral, su pulcritud marcial y su devoción por la forma perfecta. Todo en él era orden y previsibilidad. Precisamente eso lo condenó.
Del otro lado estaba Miyamoto Musashi. Errante, solitario, implacable. Un guerrero que había trascendido la técnica para dedicarse al estudio de la estrategia como arte superior. Su vida no estaba dedicada a repetir formas, sino a descifrar personas. Y Kojiro, con todo su rigor, era un libro abierto.
El duelo fue pactado con honor: isla de Ganryū, al amanecer.
Sasaki llegó puntual, impecable, con su legendaria espada Monohoshizao, más larga que una katana común. Esperó. El sol subió. La tensión crecía.
Musashi apareció dos horas tarde, en un bote, desarreglado, supuestamente recién despertado. Había olvidado su espada —dijo—, y talló un remo en el camino para reemplazarla. Todo esto era calculado.
Sasaki estalló en furia. Su juicio nublado, su cuerpo tenso.
Musashi, en cambio, estaba en calma. Había estudiado todo: la impaciencia de Kojiro, su dependencia de la forma, la dirección del sol. Se posicionó con la luz a sus espaldas. Esperó.
Cuando Kojiro lanzó su técnica, Musashi dio un solo paso y ejecutó el golpe definitivo. El remo, más largo que la espada, impactó en el cráneo.
El duelo terminó antes de empezar.
Este momento no fue una trampa. Fue estrategia en su forma más pura.
El combate no se gana solo con técnica, ni con perfección externa, ni con rigidez mental. Se gana con inteligencia, flexibilidad y comprensión profunda del momento.
Morihei Ueshiba llamaría a esto Takemusu Aiki: la espontaneidad creativa nacida del entrenamiento verdadero.
La historia de Musashi y Kojiro no es un cuento de héroes y villanos. Es una lección de Budo. El que se aferra a la forma, cae con ella. El que fluye, vence.
Fin de la historia.
Algunas preguntas para reflexionar sobre nuestras estrategias personales y profesionales.
Las formas son figuras, regularmente numeradas y con nombres, que refieren a movimientos de combate para el desarrollo de la destreza. Puede ocurrir que existan personas que practiquen y hasta compitan en formas y no hagan combate.
En la lectura se visualiza claramente dos perfiles de personas que llegan a un combate.
¿Quién es quién en ambos perfiles?
¿Qué gana: la destreza, la estrategia o ambas?
¿Qué mensaje deja la historia?
¿Eres disciplinado en la estratega o eres disciplinado en el combate?
¿Estás entrenando para repetir formas… o para aprender a resolver situaciones?
¿Eres uno u otro dependiendo de lo que está por venir?
Para pensar de dos maneras:
La primera es pensando en tu historia.
La segunda es pensando en tu actividad hoy.
Nos seguimos leyendo.
Nota: ¿qué lindo es preparar al contrincante para el duelo, mientras uno lo estudia, ve sus débiles flancos, decide en la contienda el lugar de ataque, da aviso indirectamente, y ataca por el lado menos pensado, no?.
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