Papa Francisco, su «entierro» hoy. Mi carta de despedida.

A las 5:10 AM hora Argentina algo sucedió que me hizo despertar. No podía volver a dormirme y luego de cuarenta minutos ya estaba preparando mi desayuno cuando recordé que siendo hora romana eran las exequias del Papa Francisco.

Me pude sumar momentos previos a la parte de la eucaristía.

Llegué a ver una imagen del presidente de los argentinos y recordar cuando Javier MIlei lo definió como el antipapa y a la Santa Sede como la causa de todos los males llamado socialismo.

La imagen de nuestro presidente y su hermana en pantalla mundial, entre tantas personalidades que merecían o no estar en pantalla.

Su presencia en pantalla -quiero suponer- por el hecho de ser el presidente en ejercicio del mandato; y por gracia de Dios no había otros personajes de la política argentina.

Sólo queda en la privacidad el resultado de su posterior reunión privada.


Posteriormente, a las oraciones de las iglesias de oriente, el retiro de cardenales, sacerdotes, diáconos y otros invitados, representantes de los países que decidieron asistir a la ceremonia. Eran uno 50 países según la fuente EWTN.

Dos ideas. Según las naciones unidas sus países miembros son muchos más ¿y el resto?

Todos invitados, pero pocos asistieron a la cita, como menciona una cita del evangelio.

En una segunda idea quiero resaltar la oportunidad del momento para que se genere otro espacio de intento de paz mundial.

Pero quiero destacar la presencia de dos personas parte de la historia contemporánea: Donal Trump en su función de presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y Volodymyr Zelensky en carácter de presidente de Ucrania. ¿Cuáles habrán sido sus breves palabras de intercambio, como muestran las fotos de los medios, frente a la ceremonia de entierro de un mensajero de la paz?


Para ir cerrando estas pocas líneas -no son estas las finales- la imágen de la no presencia de un coche fúnebre y si la presencia del papa móvil.

Esta imágen son dos mensajes importantes de Francisco.

El primero es «vida después de la muerte«. Sus restos, su carne, camino a la sepultura, pero su impronta en el papa móvil -como si su espíritu parado- saludase, al paso, a las multitudes que se acercaban a su paso, quizá algunos curiosos, seguro otros compungidos.

Una segunda idea es «imaginándolo caminando a su sepultura mostrando su sonrisa«, como continuando la idea de «seguir haciendo lío«.


Luego llegar al momento privado, el momento de familiares, amigos, amigas, colaboradores, y acá quiero destacar la figura de los niños dejando flores a los pies del altar del ícono de la virgen que tanto y tantas veces abrazó. Un gesto que se repite y que tantas veces él hiciera.

Mezcladas entre las personas, dos imágenes que llevan a pensar en el evangelio. La primera la que se desliza por la televisión de un cartonero de Buenos Aires. Solamente los argentinos y argentos podemos reconocerlos. La segunda, el enfermero, los enfermeros, esos asistentes de su pascua.


No va a faltar quien me diga de mis errores en la escritura; espero se vaya de mi la tentación de pensar en esas personas que siempre al vaso lo ven vacío en lugar de aunque sea un poco lleno.

No van a faltar miles de detalles y comentarios sobre cosas faltantes, y lo sé, no soy de aquellos que dominan el arte de las letras.

No va a faltar aquellos que me recuerden mis discrepancias con algunas cuestiones que hasta hoy no supe o pude llegar a entender. Y tienen razón.

Pero estuve invitado, no pensaba en ir a la invitación por televisión / internet, pero alguien me levantó -prefiero llamarle DIos- que me hizo entender después en un momento de pausa ignaciana, que a ésta, no podía dejar de estar.

Cosas de Dios.


Quizá estas líneas no sirvan a nadie; quizá nadie llegue a leerles por saber de quién viene.

Pero sí sé que tenía que hacer otra cosa y ahora estoy escribiendo algo, como si el buen espíritu me llevase a también hacer lío.

Un cura en internet tiene una frase muy buena «hasta el cielo no paramos» y ahora, tiempo de jubileo, bajo el lema de la esperanza, espero que alguna de estas líneas hayan sido escritas, para alguien que quizá no conozco.


Y se inicia una nueva etapa: «novelis«.

Nueve días mientras comienza el cónclave, lugar y personas, donde una o las tres personas dirán la decisión de quien es el sucesor de Pedro, un nuevo papa, un nuevo mensajero.

Un nuevo mensajero portador del mismo mensaje, quizá en otro idioma, color, forma, pero un mismo mensaje. Un mensaje que en tiempos de resurrección tuvo que haber apariciones para todavía creer lo que se había visto y oído.

No seamos oídos sordos, ni tapemos los oídos.

No llenemos el corazón de cosas poco importantes que nos hagan perder el sentido de los importantes.

Escrito está «los importantes» y aunque suene a error gramatical, por algo escrito queda.


Y ahora sí, a modo de cierre, creo que Francisco ha generado en los jóvenes lo que San Juan Pablo II ha generado entre los que éramos jóvenes durante su papado.

Y en éstas últimas líneas queda clara la mano de Dios en su trabajo de hacer perpetuar su iglesia. Una iglesia que no es de cosas, sino de seres humanos, corazones apagados y vueltos a encender, que legan el «Tottus Tuos» al «Hagan Lío».


No podemos callar «lo que hemos visto y oído».

No estoy seguro si es César Grané el que piensa y escribe o si es una pausa ignaciana, que estoy haciendo, donde estoy hallando a Dios es todas las cosas vividas, dar gracias y pedir perdón más la gracia para como dice Ignacio «en todo amar y servir».

Algunos links:

https://cnnespanol.cnn.com/2025/04/26/mundo/zelensky-trump-reunion-funeral-papa-trax

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/un-cortejo-funebre-en-papamovil-la-ultima-sorpresa-de-francisco-para-su-despedida-nid26042025/


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