Liderazgo e Inteligencia Emocional: evaluando

Muchos hablan de inteligencia emocional pero comienzan suponiendo que se entiende el concepto, más cuando se trata de estudiantes de nivel superior (terciario o universidad).

También damos por hecho o por sentado, que aquellos que por interés comienzan a leer del tema, han de buscar entender en primer lugar el concepto «inteligencia emocional».

Un repaso por un lado y un ahorro de tiempo para los que buscan entender el concepto no vendrá mal hacerlo. Les propongo una rápida lectura para reflexionar sobre autores para luego seguir analizando el escrito de Daniel Goleman que venimos analizando. (Al finalizar el link del anterior artículo).

Entonces para evaluar algo definimos aquello que es objeto de evaluación, lo evaluado.

¿Qué es la inteligencia emocional?

“Es la capacidad de sentir, entender y aplicar eficazmente el poder y la agudeza de las emociones como fuente de energía humana, información, conexión e influencia”.
(Robert K Cooper).

“Es un subconjunto de la inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y emociones propios, así como los de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones” (Peter Salovey, Marc A. Brackett y John D. Mayer).

“Es la capacidad para reconocer los sentimientos propios y los de los demás, motivarnos a nosotros mismos, para manejar acertadamente las emociones, tanto en nosotros mismos como en nuestras relaciones humanas” (Daniel Goleman).

A partir de las definiciones formuladas, se deduce que es en el campo de la psicología la evaluación de la inteligencia emocional. Ella es la que se nos brindará una mayor calidad de información sobre «inteligencia emocional».

En próximos artículos trabajaremos sobre estas tres definiciones en forma independiente; será al concluir el análisis y posterior compilado del artículo bajo análisis que a continuación prosigo.

A continuación, Daniel Goleman, nos escribe sobre el evaluar la inteligencia emocional y confirma a la psicología como una importante fuente de estudios.

De los párrafos que expone, además de la importancia del análisis psicológico, D. Goleman nos da a conocer la importancia del desarrollo de «modelos de competencias» para ayudar a la identificación, entrenamiento y promoción de personas que puedan sobresalir debido a su liderazgo. Este desarrollo es realizado por psicólogos con alta preparación en el tema.

D. Goleman analizó varios modelos de competencia de un centenar de empresas. Del análisis buscaba responder qué capacidades personales generaban desempeños sobresalientes y hasta qué grado se llegaba en los mismos.

Obviamente encontró capacidades y que las agrupa en categorías como las destrezas técnicas (contabilidad y planeamiento de negocios), habilidades cognoscitivas (razonamiento analítico) y competencias que demuestran inteligencia emocional (trabajo en equipo, efectividad en especial para liderar un cambio).

El análisis anterior -a mi criterio- es el más interesante, ya que llama a realizar cuestionamientos basados en la creatividad del que analiza.

En otra línea estudios psicológicos buscan respuestas en otro tipo de modelo y es el de utilizar criterios objetivos. Subrayo objetivos. Ahora pregunto ¿se puede ser objetivos siendo sujetos?

Continuando el modelo, pero con pocas ganas de seguir, los psicólogos utilizaron como criterios de análisis las rentabilidades de las divisiones empresariales, con el objetivo de diferenciar actores sobresalientes a la media.

Y ésta es la razón de mis pocas ganas de seguir. Las rentabilidades no dependen solo de los actores sino de los ambientes y tiempos donde suceden o no dichas rentabilidades. Es cierto que quien mejor navega en las contingencias sobresale de la media, pero nadie sobresale solo: un equipo puede sobresalir, con líderes mediocres o sobresalientes.

En el caso de los modelos argentinos de gestión tenemos experiencias en abundancia.

Iniciativa y visión estratégica pueden ser brillantes tanto para el capitán del Titanic como para los primeros oficiales, pero el barco se hundió por agua congelada que flotaba en un curso que no era el trazado.

El intelecto, habilidades cognoscitivas como pensamiento amplio y visión a largo plazo, destrezas técnicas, cociente intelectual e inteligencia emocional son la razón de un excelente desempeño. Para este último modelo de estudios la inteligencia emocional tuvo una importancia superior a las anteriores en todos los tipos de niveles analizados.

Para dejar en claro una conclusión de este último modelo:

«En todos los niveles organizacionales la inteligencia emocional superó a los otros en importancia en todos los niveles considerados».

Volviendo y aplicando al ejemplo del Titanic que doy, el resultado del análisis sugiere -con datos relevados en varias muestras- que analizados todos los compartimentos del buque, sus equipos de trabajo y posiciones de mando, en todos ellos la inteligencia emocional supera en importancia al resto de las habilidades, categorizadas o no, y crece a medida que alcanzamos los niveles más alto de las organizaciones también conocidas como el apex estratégico tal como define al nivel Henry Mintzberg.

Ah, otro dato importante aplicado sobre mi ejemplo del Titanic: se hubiera hundido igualmente con mucha o poca inteligencia emocional.

D. Goleman concluye «que a medida que el rango de una persona con alto desempeño (estrella) era más alto, con mayor frecuencia sus capacidades de inteligencia emocional surgían como la principal razón de su efectividad».

La inteligencia emocional no solo es referida a líderes sobresalientes sino que también está relacionada a desempeños sobresalientes.

David McClelland -investigador de comportamiento humano y organizacional- realizando estudios en multinacionales del sector alimentos y bebidas en 1996, casi treinta años atrás, concluye que cuando la alta gerencia tenía una masa crítica de inteligencia emocional, sus divisiones superaban en un veinte por ciento las metas de ganancias y cuando esa masa se carecía los niveles de ganancia eran inferiores en porcentajes similares.

De lo expuesto se ven cuatro conclusiones: l

La primera es que estos estudios son mayores a treinta años y no son conceptos nuevos;

La segunda es la constante demostración de una ciencia que investiga el comportamiento humano;

La tercera y haciendo referencia a las conclusiones de D. McClelland, es que las mismas rompen fronteras ya que al realizar los mismos estudios en las mismas multinacionales los resultados son los mismos en Estados Unidos, Asia y Europa;

En cuarto lugar existe un vínculo entre el éxito y la inteligencia emocional, sea de líderes con sus empresas como de éxitos personales con su persona.

A título personal, y contando con los desarrollos realizados hasta el presente, considero que las personas pueden desarrollar su inteligencia emocional y en cada una de ellas está la respuesta sobre el cómo hacerlo.

¿Puede cada persona navegar en su interior buscando la respuesta?

Nos seguimos leyendo

Lic. Prof. César Grané

Nota: Link del artículo anterior

Nota: compilado y análisis del artículo ¿Qué define a un líder? escrito por Daniel Goleman,  publicado en marzo del 2000 por Hay Group.


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