El camino del humano

Hay un libro que hace mucho leí y me dejó un buen recuerdo.

Quizá para mí, y luego la gestión de proyectos con alta dotación de RRHH, algo consciente e inconsciente me dejó.

Su título «El valor divino de lo humano».

Pero el humano fue, es y será hasta su muerte un caminante de un camino. Un camino cuyo principio es nacer y su llegada es morir.

El camino es siempre desconocido aunque sea fruto de una perfecta estrategia con un extraordinario planeamiento.

Aunque se la crea, el humano, sus planes humanos, nunca los tendrá dominados ni serán de su autoría al 100%.

Seguro no faltará el que desdiga o no crea en mis palabras, tenga por seguro que lo respeto, pero nadie crea o hace cosas para sufrir.

Algunas personas a lo largo de la vida experimentan esta sensación, tanto en la vida real como en la imaginación. A veces producida por terceros, y otras, por el propio ser y su imaginación o idealización.

Menciona la palabra «sufrir» a ese que «se la cree» y enseguida cambiará de tema o lugar.

Sufrimiento, el sufrir, palabras que de una u otra forma no nos gustan.

Esto es de demostración que nadie es dueño de la autoría del 100% de los planes del camino.

No hay que entrar en la búsqueda de quién o de dónde nacen situaciones como el sufrir.

A todo se busca respuesta y quizá sea hora de dejar de hacer búsquedas de este tipo.

No sólo se trata de vivir porque esa es la historia. Se trata de sentir con la historia y encontrar el porqué de la historia.

En esta historia ocupamos un lugar que tampoco sabemos el tiempo que durará.

Todos tenemos una misión en la vida y se pude resumir en las tres preguntas bases de la economía: qué, cómo y para quién.

¿Qué producir?

¿Cómo producir?

¿Para quién producir?

Nos seguimos leyendo.

César Grané

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