Hay un tiempo para cada cosa. Pero tambien hay un lugar, dicen por ahí.
Si el lugar es la persona, es el envase del ser, estaremos hablando de los tiempos de cada persona.
Hace casi un año y medio escuché hablar que una persona hizo su testamento, pero a diferencia de otros, era su testamento espiritual.
En el testamento daba gracias, pedia perdón y miraba su presente con cara al futuro.
Fue un dar gracias por todo lo que habia recibido. Alegrias, amigos, familia, situaciones que lo llevaron a cambiar a una vida mejor y muchas cosas más.
Pedía perdón por no estar más tiempo con los suyos y un poco más con otros.
Pedía perdón por muchas palabras y pocos silencios que favorecieran la escucha.
Pedía perdón por las veces que quiso ser, fue y no fue centro de miradas tratando de serlo.
Se pedia perdón por muchas cosas más, pero no es un detalle menor que primero daba gracias, era agradecido.
Daba gracias.
Gracias por encontrar el camino a la felicidad, por las veces que no le gustaba hacer algo y a fin de cuentas haciéndolo salía beneficiado.
El presente muchas veces es la combinación de tres presentes en simultaneo: lo que creemos ser, lo que somos y lo que imaginamos ser hoy.
El presente es donde la mentira se encuentra con la realidad que charla con la verdad. Que queriendo hacerse lugar, no es lugar para poder estar.
Un hermano, un amigo, un filósofo, muy filoso, decía que nadie sabe la fecha de su vencimiento. Y si la fecha no se sabe ¿no seria buena idea ir pensando qué y a quién agradecer, pedir perdón y revisar el presente?
Nos seguimos leyendo, si la fecha de vencimiento no se ha cumplido.
César Grané
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