Están los que hablan sin pensar.
Están los que piensan antes de hablar.
Para ambas situaciones es una comunicación al exterior y en ciertas oportunidades desde el interior de uno.
El no hablar, muchas veces, se confunde con el silencio. Y son dos cosas distintas.
Uno decide no hablar por distintas razones, quizá la más importantes es donde se piensa antes y este «no hablar» es una decisión que se ha tomado.
En el caso del silencio, repito que es distinto a «no hablar», es una actitud relacionada con el interior de cada uno. Hacemos silencio para estar y contemplar en y con nuestro interior.
Un ejemplo del silencio -interior- es cuando contemplamos, nos quedamos pensando -meditando- en determinadas palabras que escuchamos o cosas que pasan a ser parte de nuestra historia.
El silencio es una actitud, es el encuentro de cada uno con su interior, es la actitud de escucha de los que se encuentran a charlar con uno y con Dios.
En esta Semana Santa aprovechemos a encontrarnos con nuestro interior, hagámonos el espacio para poder gozar del agua fresca del maná de nuestro interior, y de esa manera, seguro encontrarás a Dios en todas las formas y cosas dentro de ese espacio elegido por vos y no por otros.
Seguro que se puede encontrar a Dios, por estar tratando de encontrar tu interior.
Se puede estar encontrando cosas o al mismo Dios mientras se busca.
Todo es cuestión de buscar y hallar, buscando y hallando en el espacio interior.
César Grané
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