Continuando con las miradas de una misma situación, en esta oportunidad nos toca tratar el tema desde la mirada de las decisiones.
Las personas -todas- tenemos un pasado, un presente y un futuro. Es decir que tenemos historia, estamos construyendo la historia y somos co-constructores de una historia futura, pero nuestra historia al fin.
Si paramos un momento, vemos o miramos nuestro pasado, muchas decisiones tomadas fueron a consciencia y otras no recordamos si fueron de la misma manera.
Tomadas es sinónimo de elección y no de beber, aunque algunas decisiones al verlas desde el futuro a ese momento, pudieran confundirse con estados de ebriedad.
Ante una determinada situación, cualquiera que requería de una decisión, la misma puede haber sido pensada, razonada, elegida entre un conjunto de alternativas propuestas o todo lo contrario, lo que damos a llamar las decisiones impulsivas.
También, sumadas a las pensadas y las impulsivas, existen las decisiones cómodas o basadas en los miedos.
Vamos a imaginarnos tres momentos que llamaremos «persona vieja», «proceso de decisión» y persona nueva.
Este ejercicio de parar, desacelerarse, nos permite ver a la persona que estaba a punto de decidir, cómo hizo su proceso de decisión y reconocer su decisión final.
El parar, desacelerarse, deja un conjunto de experiencias y saberes como resultado de parar, ver y mirar.
Al decidir, al poner en práctica la decisión, hay una persona vieja que ha sumado experiencias y saberes sobre su accionar, transformándose en una persona nueva.
Es semejante a nacer, morir y resucitar (volver a nacer) en cada decisión.
Si la nueva persona ha seguido las enseñanzas, supuestos o escrúpulos de otros, esa nueva persona es nueva pero con mentalidad de otra persona.
Esa persona es una persona vieja, que no sabe tomar decisiones por miedo a equivocarse, disfrazada de nueva.
La persona nueva exteriormente se verá como nueva pero interiormente será ella, una persona vieja, que ha sido tallada a imagen y semejanza de un modelo interpretado por otros cuya principal característica para decidir son el miedo y la desconfianza.
Hay una expresión muy clara que dice «no se puede servir a dos señores» pero uno se puede equivocar en el intento por servir a uno y no a el otro, Y eso es bueno. Pero si siempre elijo lo malo, eso no es bueno ni para mí ni para nadie.
Las decisiones reiteradas en donde se reconoce el error de la decisión, lleva por nombre una palabra construida con los miedos, la comodidad, la justificación y el siempre tener razón, a esa palabra se la llama estupidez.
Resumiendo los tipos de personas:
Personas viejas;
Personas viejas que por medio de un proceso decisorio o no se trasforman en personas con nuevos saberes y experiencias, las llamadas personas nuevas;
Personas viejas, que dejan sus decisiones en manos de otros o dejan que otros decidan por ellas, o sea personas viejas con miedos y supuestos que construyen escrúpulos y se asemejan a personas nuevas. Personas con miedo a equivocarse o que tienen miedo a crecer.
Volviendo al movimiento y antes de entrar al acelere cotidiano, sería bueno tener modelos de personas de referencia que nos indiquen cómo conquistaron aquellos que más anhelaron.
La teoría de decisión, resultado del andar de las ciencias económicas, nos permiten por medio de un conjunto de técnicas, aprender a decidir y a partir de las decisiones no sólo construir el tipo de organizaciones que buscamos, si no el tipo de personas que queremos ser.
¿Cuál es tú modelo?
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Bibliografía asociada:
PAVESI, Pedro F. (2000). LA DECISIÓN. Cátedra Teoría de la Decisión. Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular Emérito. ISBN: 9789879831564.
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