Las imágenes de la corrupción a la vista de …

Escuché decir una frase que prefiero presentarla en tres párrafos distintos.

El pesimista ve el pasado y se lamenta.

El optimista ve el pasado y piensa que va a mejorar.

El realista ve el pasado y trata de ajustar las acciones, operaciones e intensiones para mejorar hoy, y por ende, mañana.

En Argentina escuché más de una vez los comentarios negativos respecto a los políticos.

Han dejado de servir a la patria, a la nación, para que les sirvan los ciudadanos para su provecho.

Han dejado de servir para ser servidos.

De generación en generación un padre dice a su hijo, que su abuelo le decía a su papá que no había podido su generación hacer nada por erradicar la corrupción utilizando a la pobreza como eje central de discursos de campaña.

Aclarando, el abuelo de un padre hace comentario a su papá, por ende el padre se lo está haciendo a su hijo. De terror, estamos hablando de cuatro generaciones: abuelo (1), padre (2), hijo (3, hoy papá) que se lo dice a su hijo (4).

La corrupción tiene como ejes centrales de captación de aliados al pesimista y el optimista, opacando al realista, porque una lectura realista dejan sin opinión al pesimista y transforma al optimista en un agente de cambio.

En un escenario de corrupción el consumo de noticias negativas alimenta el pesimismo y desanima al optimista.

En un escenario de corrupción las redes sociales -en particular las historias sin final- ayudan al optimista a no ser realista, a perder el tiempo y no ajustar la realidad frente a sus necesidades.

La única manera de cambiar este círculo vicioso es rompiendo el círculo. La manera de hacerlo es recuperando los valores del trabajo, sinónimo de esfuerzo y por ende de crecimiento personal.

El estado comunista, el que da de comer a los pobres que autogenera, recurre a esta estrategia al final de la guerra fría y transformó su sociedad simplemente con la reflexión basada en logros personales y no logros de estado.

Es preciso volver a las fuentes, es preciso volver a poner en su lugar cada uno de los valores escondidos, en particular la cultura del trabajo.

¿Cómo?

Duras medidas para una dura corrupción inescrupulosa.

Lic. Prof. César Grané


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