Un hombre, como una mujer o un niño, tienen algo en común. ¿Qué puede ser?
La respuesta está en el punto de partida de la búsqueda. ¡Cuáles son los puntos de partida?
Los puntos de partida son dos: el cuerpo y el alma. Es de lo que está compuesto todo ser humano.
Si el punto de partida se cuestiona es simplemente porque nos dejamos dominar por aquél al cual le conviene instalar la duda. ¿Para qué instalar la duda?
Porque la duda trae confusión y en la confusión se saca provecho a que, tanto el hombre como mujer, duden de sus orígenes.
Dudar de los orígenes es dudar de las creencias y ante la duda de las creencias, se deja de lado la luz de la fe.
La fe no es un derecho y tampoco es una obligación, es parte del ser, como la razón, y puede estar encendida o apagada como una lámpara.
El creer (el aceptar) es la luz de encendido de la lámpara de la fe, pero cuidado con la conclusión porque falta mucho para llegar a ella.
Solo el egoísmo rompe la perilla del «creer». Es ahí donde el prójimo se confunde y se deja de pensar en el prójimo para pensar en el más próximo que es nada más y nada menos que uno mismo. Se deja de pensar en el prójimo para pensar en el próximo logro personal.
La perilla de encendido de la fe, «el creer», se puede reparar. Sólo basta con querer reparar, y así, la lámpara, volverá a dar más luz.
La lámpara, la «fe», nunca se apaga y solo se atenúa, porque algo impide que ilumine con todo su esplendor.
Y no solo algo impide que ilumine, también puede ser alguien, que muchas veces cuesta o no se quiere reconocer, que puede hacernos alejar del camino iluminado.
Y es así que interviene «la razón«, eso capaz de descubrir la posibilidad de uno sentirse mejor haciendo oído sordo a lo que nos entristece o nos hace experimentar la soledad.
Uno es el camino, que es un derecho pero no una obligación, por estar la libertad individual del individuo por sobre todas las cosas por el hecho de ser un don recibido.
«Fe, creer, razón» un combinación de palabras que son huellas que conducen a un camino distinto al de la tristeza y la soledad.
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