En los comienzos fue a una mujer que se la tentó para estar contra Dios Creador dicen las escrituras.
Pero fue el mismo Dios Creador quien dijo a otra mujer que dará a luz un Niño que llevará el nombre de Dios con Nosotros, que traducido el nombre sería Jesús, que también aparecen las situaciones relatadas en las escrituras, Antigua y Nuevo Testamento.
Y al reconocer la voz de Dios fue esa misma mujer que dijo «Hágase Tú Voluntad» sin ningún tipo de duda.
Y ese Niño, que crece educándose y formándose bajo los cuidados de esos Padres escogidos por Dios Creador para Dios Hijo, es el que camina a la muerte enseñando vida, enseñaba haciendo el bien, desenmascarando al mal mientras estaba tentando a los buenos. Porque no se puede reconocer lo bueno si no existe lo malo.
Y ese Niño ya crecido es quien por Amor daría su Vida y prometería estar para siempre entre nosotros, siendo de testigos muchos hombres y mujeres además de Su Madre. Que como toda Madre estará visible e invisible tanto de Niño, Adolescente y Adulto.
Un Jesús adulto que Resucita y a quien primero se aparece es a unas mujeres, que iban camino a Su sepulcro. Y son esas mujeres que avisan a los discípulos todavía consternados por la crucifixión, reunidos en una sala, esperando, tentados, hasta la llegada de las voces que saben hablar de la vida.
Y como el crucificado que vence a la muerte resucitando, es él quien regalará la vida eterna, es él quien dará primer lugar, y será a quien -al abrir los ojos en la vida de la tierra- ha mirado por primera vez: su madre.
Su madre, la misma mujer que nos dará, a los pies de la cruz.
Ella es la que de la Asunción se habla, y su nombre es MARÍA.
César Grané
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Al hablar de buenos y malos pienso en un alumno que no encuentra paz ante la muerte de un ser querido, muy querido.
Pero si se queda uno con la muerte es que todavía falta entender el significado de «La Resurrección: la vida».
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