Leer o escuchar la verdad en labios de otros a veces molesta, y tiene su costo.
Son unos pocos a quienes la verdad no les duele ni ofende.
Decía una sabia mujer «si no se hace se compra hecho«, pero la «verdad» como la «palabra» -que es lo mismo- ni se hace, ni se compra hecha.
La verdad está ligada al tiempo.
El tiempo tiene signos que lo caracterizan.
Por ende, la verdad, tiene los mismos signos que los que tienen los tiempos, y esos signos, caracterizan a ambos.
En los tiempos es posible compartir la verdad y ese compartir construye el saber.
Tiempo, verdad y saber se juntan en el hombre. Un hombre con sentimientos y preferencias, con gustos.
Con tal motivo
«no el mucho saber harta y satisface al hombre, sino el sentir y gustar de las cosas internamente«.
San Ignacio de Loyola, EE.
Hasta ahora las lecturas hechas sobre el tiempo puede molestar a algunos, reflexionar a otros y en una minoría resultar indiferente.
Las líneas escritas sobre la verdad, pueden resultar confusas, pero muy claras cuando se reflexionan.
La sabiduría es el fruto de disponer el tiempo para reflexionar sobre la verdad y ello nos permite disfrutar de la sensación del saber.
EL saber no se consigue en velocidad. No es el resultado de hacer cosas, es el resultado de disfrutar de lo hecho después de haberlo hecho. Por eso es importante «Levantar la cabeza».
Levantar la cabeza es desacelerar, bajar la velocidad, disfrutar el andar y no andar por andar.
Levantar la cabeza es elegir el camino por el cual transitar.
Levantar la cabeza es sensación de aprender a elegir y no que otros elijan por uno.
Levantar la cabeza, algo para parar y pensar.
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