Los espacios de reflexión disponibles para una persona son muchos. El problema es que no nos hacemos el tiempo para tenerlos, es como que la vida te lleva, el consumo te lleva.
Uno tiene, debería, generar para uno mismo el espacio de tiempo, y utilizarlo para proyectar ser y sentirse mejor.
Se nos pasa el tiempo, se consume el tiempo, pero no solo siendo adolescente sino hasta cuando uno transita el ser adulto.
Si tenemos un tiempo podemos aprovecharlo para generar “ese” espacio en el cual podemos proyectar el “ser y sentirse mejor”.
¿Cómo lo haremos?
La propuesta es “Aprender de uno mismo, encontrarse con uno mismo y los propios deseos más profundos”.
Por medio de actividades la propuesta es revisar la historia personal para construir la historia personal.
Esto es lo que vamos a buscar en estos espacios: tiempos de reflexión, de parar la pelota, un entretiempo.
Un entretiempo entre la salida de secundaria y la entrada a la cancha del otro mundo que nos espera, el mundo que esperaban tener.
Dejemos de hablar del espacio para entrar en la primera actividad, el principio.
Hablemos de personas. Seres que ayer fueron creados, que están siendo creados y ¿ quién puede asegurar el futuro?
Miremos y pensemos un minuto en la imagen.
Los hombres y mujeres ¿no nos parecemos a las vasijas o a los vasos de barro?
¿Acaso nuestra imagen exterior puede ser distinta a nuestra imagen interior?
¿Nuestra vasija se llena con contenidos elegidos por nosotros u otros nos vuelcan su contenido, muchas veces no elegido por nosotros? Ejemplo el consumo de las redes sociales.
Cuando dos personas se conocen buscan presentarse, trazar y construir puentes, al igual que un profesor comienza su tarea en el proceso de enseñanza-aprendizaje al cual considero recíproco.
Ambos, alumna o alumno, profesora profesor, enseñan y aprenden del otro.
De la misma manera el artesano, el creador, se encuentra con el barro o la arcilla para crear su obra.
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